Lees el primer capítulo. No te gusta el libro. Te arrepientes de haberlo comprado. Luego, lo dejas en el estante como descansando de tu desamor. Te repites: Ya son varios meses en la misma situación. No te gusta nada. Sólo quieres ver películas, que también dejas en el estante para mañana. Pero dudas que ese mañana llegará. Quieres bulla, y buscas un concierto de rock. Te pegas a algunas canciones. Miras el techo de tu cuarto sin saber qué hacer. Duermes. Y a la mañana siguiente vuelves a agarrar el libro ignorado. Lo lees y encuentras lo que buscaste durante estos meses: una ventana para calmar esta ansiedad, para ignorar estas fiestas, este año malbaratado. Y te repites: estuvo bueno comprar un libro al azar, sólo guiado por el título, sin conocer al autor ni el argumento. Pero te preguntas: ¿por qué diablos ayer no me gustó?

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